
En Mierdilandia, nación bastante reconocida en el mundo gracias a las hazañas infames de nosotros los mierdalindios, sus habitantes (y los más felices del mundo) la normalidad está trazada por magnificas creencias escatológicas propias de la Cultura de Mierda. Este término, acuñado por primera vez por estudiosos de la reconocida Escuela de Frankfart, se refiere a la corriente cultural que actualmente domina este “país-excremento” desde los oscuros y cerrados repliegues anales de la actual dirigencia de la nación-excretora.
Tras ganar una larga batalla contra la Razón de Mierda (término utilizado por los dirigentes), los nuevos dueños de facto de esta pequeña y fétida finquita -eso sí, gran productora de popó y aun más de coprofílicos adictos a la más putrefacta, tibia y café deposición anal-, han impuesto un estilo de vida único, un verdadero modelo que ha sido recibido sin mayor reparo por la mayoría de la población de “país-de-popó”, gracias a los esfuerzos y la verborrea, gonorrea, y culorrea de sus gobernantes desde tiempos inmemorables.
Este y otros fenómenos particulares, han sido estudiados y explicados por muchos excretólogos como los razgos del único país verdaderamente Ortocrático del mundo (Shitter y Bodrio, 2002). Para entender esta interpretación, nos referimos a una explicación muy precisa que define la Ortocracia como “el sistema de gobierno por el cual los dirigentes proveen a la mayoría de los habitantes las condiciones para tener una vida diarreica, la cual obliga al pueblo a ser una puta mierda, mientras que al mismo tiempo lo convierte en un adicto a las heces para que esta tierra no le sepa a física secreción rectal” (Stool, 2006).
Pero los Análisis de Mierda (término del autor) de popó-genios locales nos dicen otras cosas. Han llegado a la conclusión certera de que “en el país del sálvese quien pueda, sobrevivir es la puta cagada” (WC, 2002). Así de simple. Hay que ser una caca para que no lo pisen a uno como un bollo de mierda, y hay que ser práctico, producir boñiga y venderla tan cara como ese café que está hecho de popo de civeta y hacerse rico. O, simplemente, seguir la corriente socio-intestinal de moda: hacerse pasar por Las Aguas Negras (rastrojos, o desechos, de antiguos grupos para-rectales), para compartir la Cultura De Mierda, perpetuar la Guerra de Mierda y seguir haciéndose rico con Pura Mierda.
